"La fuerza del silencio" (8)

Una de las enfermedades de la sociedad moderna es el “activismo”. No es fácil encontrar, en nuestro mundo, espacio para la interioridad.


El Cardenal Sarah nos muestra claramente este peligro y nos ayuda a evitarlo explicándonos cómo podemos guardar el silencio, indispensable para alimentar nuestra fe y nuestro amor.

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Imagen del Dios silencioso

“La pregunta fundamental es la siguiente: ¿cómo puede el hombre ser realmente imagen de Dios? El hombre tiene que entrar en el silencio. Envolviéndose en el silencio igual que Dios, que habita en un gran silencio, el hombre se acerca al Cielo; o, más bien, deja que Dios se manifieste en él (…). La voz de Dios es silenciosa. De hecho, el hombre tiene que tender también a convertirse en silencio” (FS, p. 24).

No hay paz sin Dios

San Agustín, en las Confesiones, dice: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. “Sin Dios el hombre está desgarrado, angustiado, intranquilo, agitado, y no puede lograr el descanso interior. La auténtica vida no está en la rebelión [como afirma Albert Camus] sino en la adoración silenciosa” (FS, p. 197).  

La agitación: fuente de desdichas

El Cardenal Sarah cita una frase de Blaise Pascal: “Toda la desdicha de los hombres proviene de una sola causa: no saben permanecer en reposo en un cuarto” (Pascal).

Falta de “silencio” de Marta

“Jesús no le reprocha a Marta su ajetreo en la concina —había que comer— sino su actitud de disipación reflejada en el enfado con su hermana”.

Desde Orígenes se ha interpretado la escena de Marta y María, en Betania, como la contraposición de dos estilos de vida: activa y contemplativa. “No obstante, da la impresión de que, en realidad, Jesús está trazando los contornos de una pedagogía espiritual: tenemos que procurar siempre ser María antes de convertirnos en Marta; de otra manera corremos el riesgo de enfangarnos en un activismo y una agitación cuyas desagradables consecuencias nos ofrece con bastante claridad el relato evangélico: el pánico, el temor a trabajar en solitario, una actitud interior disipada, el enfado de Marta con María, el sentimiento de que Dios nos deja solos sin intervenir de una manera eficaz.

Por eso Jesús le dice a Marta: “María ha escogido la mejor parte”. Le recuerda la importancia de moderar y acallar su alma (cfr. Sal 131, 2) para permanecer a la escucha de su corazón. Cristo la invita con ternura a detenerse para volverse hacia su propio corazón, lugar de la auténtica acogida y morada de la ternura silenciosa de Dios, de la que la había alejado la actividad a la que se entregaba de forma ruidosa. Toda acción debe ir precedida de una intensa vida de oración, de contemplación, de búsqueda y escucha de la voluntad de Dios” (FS, 31).

La dictadura del ruido

“El hombre carece de coherencia. Prefiere el ruido de la materia antes que el silencio del amor” (FS, p. 196).

El silencio de los sentidos

 “El silencio de la mirada consiste en saber cerrar los ojos para contemplar a Dios que está dentro de nosotros, en las regiones profundas e íntimas de nuestro abismo personal. Las imágenes son una droga de la que no podemos prescindir, porque están presentes por todas partes y en todo momento. Los ojos se encuentran enfermos, embriagados, y ya no pueden cerrarse.

También hay que taparse los oídos, porque las imágenes sonoras los atacan y los ofenden, tanto a ellos como a nuestra inteligencia y nuestra imaginación.  Nos resulta difícil no escuchar a este mundo en permanente gesticulación que quiere ensordecernos y aturdirnos para hacer de nosotros restos de un naufragio estrellados contra los arrecifes, vulgares deshechos inútiles arrastrados hasta la orilla” (FS, p. 49).

Evitar la charlatanería

El charlatán es un ser peligroso. La lengua es como el pequeño timón de una gran nave. Si se controla la lengua se controla el resto. La regla del Carmelo dice: “Evítese con cuidado el mucho hablar, porque en el mucho hablar no faltará pecado” (FS, p. 40).

Consejos de la Madre Teresa

Silencio de los ojos, abriéndolos continuamente a la belleza y la bondad de Dios en todas partes, y cerrándolos a los defectos de los demás y a todo lo que es pecaminoso o perturbador para el espíritu”.
Silencio de los oídos, atentos siempre a la voz de Dios y al llanto del pobre y el necesitado, cerrándolos a todas las voces que vienen del mal o de cuanto de negativo hay en la naturaleza humana, por ejemplo, la murmuración, el chismorreo, los comentarios poco caritativos.
Silencio de la lengua, para alabar a Dios y decir Su palabra, que da vida y que es la Verdad que ilumina e inspira, aporta paz, esperanza y alegría, y evitar la autodefensa y cualquier palabra que provoque confusión, inquietud, dolor y muerte.
Silencio de la mente, abriéndola a la Verdad y al conocimiento de Dios a través de la plegaria y la contemplación, como María cuando meditó en las maravillas del Señor en su corazón, y cerrándola a todas las mentiras, distracciones y los pensamientos destructivos, como juicios temerarios, desconfianzas en relación con los demás, pensamientos y deseos de venganza.
Silencio del corazón, amando a Dios con toda el alma, la mente y la fuerza, y a los demás como Dios los ama, deseando sólo a Dios y evitando todo egoísmo, odio, envidia, celos y codicia” (Madre Teresa, pp. 111-112).



Comentarios

  1. Imprescindibles los programas del dr Galat para los católicos que amamos a Cristo y a Su Santa Iglesia: https://youtu.be/0zPrfS9-wbk

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