sábado, 25 de julio de 2015

Santiago Apóstol y Garabandal

Hoy, 25 de julio, celebra la Iglesia la fiesta del apóstol Santiago el Mayor, que es uno de los tres “santos guerreros” relacionados con las apariciones de la Virgen en Garabandal.



Reproducimos, a continuación, algunos párrafos sobre la relación de Santiago con Garabandal, tomados del libro de Antonio Yagüe, “Garabandal, 50 años después”.

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Garabandal está enclavado en una vieja nación cristiana del continente europeo que, aunque en los últimos siglos no había tenido apariciones marianas de mensaje universal como Guadalupe, la Medalla Milagrosa, La Salette, Lourdes o Fátima, si tiene una larga historia de manifestaciones de la Virgen que comienzan en el siglo I en el Pilar de Zaragoza ante el propio apóstol Santiago y continúan a lo largo de los siglos, dejando una siembra de centenares de santuarios, monasterios, iglesias y ermitas dedicadas a honrarla y venerarla en toda la geografía de modo que la devoción a María está íntimamente ligada a la geografía e historia de España. Que la Virgen se apareciera en el norte de España no era histórica ni geográficamente novedoso. En aquella región, algunas de las apariciones marianas de mayor renombre son Covadonga (722), la Bien Aparecida (1605) o Ezquioga (1931).

Cuando la Península Ibérica fue invadida por los musulmanes a principios del siglo VIII, la región cántabra, en la que se enclava la pequeña aldea, junto con la asturiana de los Picos de Europa fueron los últimos refugios de los cristianos. A unos 30 kilómetros de Garabandal se encuentra el Monasterio de Santo Toribio de Liébana al que el Obispo de Astorga envió por entonces la reliquia del Lignum Crucis que es el mayor  trozo que queda de la Santa Cruz.

Hacia el año 770 vivía allí San Beato de Liébana, un monje realmente sabio (…). El santo promovió la devoción al Apóstol Santiago reviviendo la tradición de su presencia evangelizadora en las tierras de España. Pocos años después (813), aparecía milagrosamente en Galicia el sepulcro del Apóstol. Cuando dos siglos más tarde comenzó la tradición de peregrinar a Compostela, por Cantabria, a pocos kilómetros del sepulcro de San Beato pasaba el camino más antiguo hacia Santiago. Fruto de la devoción al Apóstol predicada por San Beato, Santiago es hoy el patrón de España pero más  específicamente de Santander, la capital de Cantabria.

El 25 de julio de 1962 día de su fiesta, cerca de medianoche, el Apóstol quiso manifestarse cabalgando por unos minutos por el cielo nocturno de Garabandal [ver referencia de la nota 30], para mostrar su particular implicación con el mensaje que el Cielo enviaba. La imagen de Santiago sobre un caballo blanco es la expresión de una larga historia de protección visible en las batallas que los cristianos han librado para mantener la fe en la tierra que él había evangelizado [nota 31: Además de la Batalla de Clavijo (844) se cita la milagrosa intervención de Santiago en las batallas de Hacinas (931), las Navas de Tolosa (1212), Murcia (1228), Medina Sidonia (1268) contra los musulmanes, Brunete (1937) contra el ejército de la II República], contra distintos enemigos. Su origen comienza en la batalla de Clavijo (Rioja) a 200 km de Liébana, hacia el año 844, y tiene nuevos importantes episodios en casi todos los siglos. El Apóstol es patrón del Arma de Caballería, y los ejércitos españoles entran en batalla invocando su nombre al grito de “Santiago y cierra España”. Hace 300 años Francisco de Quevedo escribía al rey Felipe IV: “Dios hizo a Santiago, Patrón de España, que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada” [ver referencia de la nota 32].

El apóstol Santiago es el tercer guerrero que aparece relacionado con Garabandal, después de San Sebastián y San Miguel. En el Apocalipsis Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles [nota 33: Apocalipsis 12, 7] y también el profeta Daniel señala que en aquel tiempo se levantará Miguel, príncipe grande, que es el defensor de los hijos de tu pueblo; porque vendrá un tiempo tal, cual nunca se ha visto desde que comenzaron a existir las naciones hasta aquel día [nota 34: Daniel 12, 1]. Esta presencia de tantos personajes guerreros y la mención repetida a los últimos tiempos sin duda tiene que ver con el mensaje de Garabandal que parece no ser contrario al hecho de desarrollarse en un ámbito geográfico apartado y de vida ordinaria. Podríamos decir que la lucha de los cristianos en el tiempo que anuncia la Virgen será a la vez intensa, pero dentro de ambientes propios de su vida ordinaria.

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A propósito de "guerras y guerreros" se puede ver el último vídeo de Antonio Yagüe: "Veo un rollo volando. La guerra nuclear".

sábado, 18 de julio de 2015

Aniversario 53° del "milagruco"

Hoy es un día muy especial: el 53° aniversario del “milagruco”. El 18 de julio de 1962 estuvimos en Garabandal varios miembros de nuestra familia (papá y mamá, q.e.p.d; y varios hermanos: los cuatro mayores, de 13, 12, 11 y 9 años de edad). 

Image:Garabandal-Message du 18-10-1961.jpg


Estuvimos esperando pacientemente durante todo el día (desde muy temprano), pues Conchita había anunciado, con varios meses de antelación, que ese día recibiría la Comunión de manos de San Miguel Arcángel. Era una prueba que quería dar la Virgen, de que era verdad que se aparecía Ella a las niñas de Garabandal.

Como sabemos, la niñas recibían con frecuencia la Comunión, que les traía San Miguel de algún Sagrario del mundo. Les traía formas consagradas por sacerdotes. Pero esas formas eran invisibles. La gente veía que las niñas abrían la boca y sacaban un poco la lengua, pero no se veía la forma consagrada. El día 18 de julio (en realidad ya era el día 19, hacia la una de la madrugada) sí se vio la forma blanca en la lengua de Conchita. La pudimos ver un buen grupo de personas (las que estuvimos ahí presentes haciendo varios círculos alrededor de la niña.

Algunos afirman que vieron la lengua vacía y, de pronto, aparecer la forma. Nosotros (los de nuestra familia) sólo vimos ya la forma en la lengua, que permaneció ahí algunos segundos (no sabría decir cuántos: no fue un tiempo largo). Después, Conchita cerró los labios y se quedó recogida, en oración, durante algunos minutos. Pasó aquel tiempo en el que todos guardábamos un respetuoso silencio, acompañando a la presencia eucarística de Jesús en Conchita. Luego continúo el éxtasis: ella se levantó y siguió caminando por las callejas del pueblo un buen rato más.

El “milagruco” no fue un milagro espectacular. Realmente, es necesario creer en la verdad de las apariciones para apreciar lo que ocurrió en Garabandal ese día como un gran don de Dios. No fue un “milagro” de los que manifiestan patentemente un orden preternatural (más allá de las leyes de la naturaleza) porque, como algunos que no creen afirman, la niña pudo haber tomado una forma en su casa, guardarla en la boca, y uno o dos minutos después pudo haber simulado la Comunión recibida del ángel. Es decir, no se puede “probar científicamente” (sólo racionalmente) que aquello fue un milagro. Pero si creemos en las apariciones, en la sencillez de Conchita, en su sinceridad y rectitud (que se podían comprobar, moralmente, en cuanto se la trataba un poco), entonces, todo aquello resultaba claramente sobrenatural y milagroso. Para creer en las apariciones de Garabandal hace falta tener una disposición abierta y sensible a las intervenciones de Dios en nuestra vida.

Nosotros, todos, estuvimos convencidos de que aquello fue algo de Dios. Era parte de lo que ya habíamos tenido la oportunidad de ver en aquel pueblo apartado del mundo en las ocasiones en que, anteriormente, habíamos estado ahí, presenciando los éxtasis de las niñas y hablando con ellas cuando estaban es sus casas, siendo chicas totalmente normales.

Siempre hemos dicho que no puede caber en la cabeza de una persona sensata que todo lo que sucedió en Garabandal, entre los años 1961 a 1965 haya sido un montaje, o fruto de una sugestión colectiva, o ─lo que es todavía más absurdo─ obra de Satanás.

Para una persona con un mínimo de fe y con sentido común, es claro que aquello fue obra de Dios. Todos los elementos concurren a afirmar esto. Además, están los cientos de testigos que podemos hablar de lo que vimos, porque estuvimos ahí.

Esto explica que algunos santos contemporáneos (principalmente el Padre Pío de Pietrelcina y la Madre Teresa de Calcuta) hayan creído en Garabandal y lo hayan manifestado abiertamente.   

Es verdad que aún los Pastores de la Iglesia no emiten su juicio definitivo. Todo está en estudio, y pueden tardar años antes de que se aprueben esas apariciones. Pero esto es algo con lo que tenemos que contar, pues la Iglesia es muy prudente en estos temas.

Lo importante es que no olvidemos los dos mensajes de Garabandal, que resumen con breves conceptos lo que la Virgen nos pide en estos momentos de la historia de la humanidad. Y que tengamos también presente lo que Nuestra Señora confió,  repetidamente, a las niñas sobre la necesidad de prepararnos para el Aviso, el Milagro y el Castigo. No sabemos cuándo tendrán lugar esos acontecimientos, pero sabemos al menos que los dos primeros tendrán lugar en vida de Conchita (ahora tiene 66 años de edad), pues ella tendrá que decir la fecha del Milagro (que ya conoce, pero no ha dicho a nadie) ocho días antes.

Algunos, como Antonio Yagüe (ver su página de internet y su canal de YouTube), han formulado hipótesis, muy bien fundamentadas (en la Sagrada Escritura, Apariciones Marianas, Astronomía Sagrada, Profecías de santos, Hechos históricos, Reflexiones y Oración), que apuntan a que esos eventos están ya a la vuelta de la esquina: el primero ─el Aviso─ podría ser en torno al 13 de noviembre del 2016.

Todos los que, de alguna manera, creemos en las apariciones de Garabandal (ya se sabe que no es propiamente una fe teologal, como la necesaria para creer en las Verdades de Fe), estamos a la espera, con la “expectación de los hijos de Dios” de la que habla san Pablo en Rom 18, 18-20: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza”.

Sí, es tiempo de esperanza, y también tiempo de lucha. Cada vez necesitaremos más fortaleza y fidelidad para perseverar en la fe hasta el final. Pero tenemos a Jesús en la Eucaristía, a quien hemos de adorar y amar cada vez más. Y también tenemos, junto a nosotros, a María, que nunca nos dejará solos. Ha venido al mundo en los últimos tiempos para consolarnos y asegurarnos que podemos contar con su protección maternal. Nos acogemos a Ella, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio), que es como se apareció hace más de 50 años en San Sebastián de Garabandal.

Merece la pena recordar los dos principales mensajes que se dieron en Garabandal.

En el primero, la Virgen dijo: «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande» (18 de octubre de 1961).

Cuatro años más tarde, el Arcángel San Miguel daba el segundo mensaje, de parte de María: «Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre, os diré que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los sacerdotes van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. La Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debemos evitar la ira de Dios sobre nosotros con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente, y Nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús» (18 de junio de 1965).


sábado, 11 de julio de 2015

Garabandal y los sacerdotes (1)

Es conocido que uno de los temas que más salen a relucir en el contexto de las apariciones de la Virgen en Garabandal es el de los sacerdotes. Aunque el mensaje de Nuestra Señora en la pequeña aldea cántabra, durante los años 1961 a 1965, está dirigido a todos los hombres, lo cierto es que, de un modo muy especial, María se dirige a los sacerdotes, como hijos muy queridos.


Veamos algunos ejemplos concretos, tomados del libro del P. Eusebio García Pesquera, Se fue con prisas a la montaña.

 «Que a los sacerdotes y a su situación se ha concedido atención relevante en Garabandal ─afirma el P. Pesquera─, está fuera de toda duda: Hay pruebas innumerables. También en este punto aquellos extraños sucesos venían "apuntando" a las tremendas crisis que pronto iban a estallar en la Iglesia».

─ Cuando Nuestra Señora dijo a las niñas que hicieran “sacrificios” (por ejemplo, en el Primer Mensaje del 18 de octubre de 1961), ellas no sabían el significado de esta palabra. Por encargo de la Virgen se lo preguntaban a los sacerdotes. El P. Pesquera dice que él mismo tuvo que darles explicaciones sobre este tema.

En repetidas ocasiones la Virgen pide a las videntes que sean obedientes a sus padres y a los sacerdotes.

─ Desde el comienzo de los sucesos han demostrado las niñas una especial predilección por los sacerdotes y religiosos. Con frecuencia contaban los que subían, se fijaban en sus hábitos y siempre en sus trances hablaban de ellos con la visión. Si se les preguntaba: "¿Quién queréis más que venga?", respondían siempre: Los sacerdotes. Y hablando de obediencia, la que de modo especial les inculcaba la Virgen, era la que debían a los padres y a los sacerdotes.

─ "Varias veces las niñas, en estado de trance, han dicho que había sacerdotes, cuando nadie les veía (por ir de paisano), o que había en mayor número de los que parecían.

─ "Un caso entre muchos: Acababa de marcharse un pequeño grupo de sacerdotes y quedaba sólo don Valentín [el párroco del pueblo], con bastantes otras personas seglares; las niñas entraron en trance, en la iglesia, y hablaron de que allí había dos sacerdotes: don Valentín y otro. Al oír tal cosa, don Valentín se puso a mirar hacia atrás para descubrir al posible compañero; pero en vano ... Poco después se le acercó un "señor", que luego de saludarle, se declaró sacerdote, que había llegado de paisano, por haber subido en motocicleta.

─ "Otro: Cierto día también andaban por San Sebastián varios sacerdotes en indumentaria civil... Durante el éxtasis oyeron que las niñas hablaban de su presencia, y entonces, por temor a ser descubiertos públicamente, se apresuraron a marchar."(De seguro que entre los habitantes de San Sebastián de Garabandal podrían recogerse multitud de datos que, añadidos a los del padre Andreu, dejaron bien ilustradas para la historia esas fechas del verano de 1961).

─ Del día 29 [de agosto de 1961] (De las notas de don Valentín Marichalar): "Entró en éxtasis Conchita a las once y le oí preguntar: "¿Todos los sacerdotes son buenos?"... Hizo un gesto de admiración. Yo le pregunté luego por aquel gesto, y me dijo que no lo podía decir. Pero al fin me explicó que le había dicho la Virgen que, efectivamente, no todos los sacerdotes eran buenos".

─ Del día 30 [de agosto de 1961]: "Salió (en éxtasis) Conchita de su casa a las 12,10; dio unas vueltas por el pueblo. Junto a la puerta de la iglesia le oí decir: "Yo creía que todos los jesuitas eran buenos"..." (De las notas de don Valentín Marichalar). Pienso que esta especial mención de los jesuitas se debió a su especial trato con los hermanos Andreu.

─ De una entrevista que la Madre Nieves [directora de colegio de Burgos en donde estuvo Conchita] hace a Conchita (29 de octubre de 1966): “Me gusta oír hablar de la Virgen; he oído a muy poco sacerdotes hablar de Ella; uno me dijo un día: "Si esto de Garabandal no es verdad, ya no tendré fe en nada". ¿Cree que esto está bien? A mí me da pena". (Anota la Madre [de Conchita]: "La expresión de ese imprudente sacerdote la preocupa de verdad, y lo recuerda con frecuencia").

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (30 de octubre de 1966): "He aprendido mucho en mi pueblo, porque la gente me exponía sus problemas; algunos, ¡muy fuertes! Los que más me han impresionado, han sido los de los sacerdotes: ¡me hacían daño!".

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (29 de noviembre de 1966):"Me gustaría tener hermanos sacerdotes. He conocido muchos... Recuerdo que un Padre joven, del Corazón de María, al querer darle yo a besar el crucifijo, lo rehusó, y llorando decía: "No soy digno, no soy digno"... Cuando terminé de ver a la Virgen, fui donde él y le comuniqué aparte lo que Ella me había dicho: "Es que quiere dejar el hábito y salirse de la Congregación". Al oír esto, se puso a llorar de nuevo. Nunca más le he vuelto a ver" (cfr. P. Pesquera, o.c.).

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (2 de diciembre de 1966):"Antes de decírmelo la Virgen, yo creía que todos los sacerdotes eran buenos; jamás se me ocurrió que pudieran cometer también pecados mortales. He conocido muchos... Algunos me parecieron santos al principio; luego vi cosas que no me agradaban. He comprendido más tarde cómo las personas pueden engañar. Yo, primero, les trataba a todo de "tú"; pero al darme cuenta de que aquella mi confianza era mal interpretada, cambié. Algunas veces pienso si entre las personas que he conocido había alguna que me quisiera de verdad... Muchos mimos, muchas frases cariñosas; pero me querían para sí. Veía que hasta los sacerdotes se enfadaban unos con otros, por tener en mí más parte o intervención... Me da vergüenza que me alaben, y agradezco que me digan lo que hago mal".

─ De una entrevista que la Madre Nieves hace a Conchita (31 de diciembre de 1966): "No siento rencor ni odio hacia nadie. Cuando los sacerdotes de la Comisión [que examinó a las niñas], o los encargados por ellos, nos atacaban, y los demás se enfadaban por esto, yo no. Pensaba que debían obrar así; y los quiero. Amor mucho a la gente que parece buena, piadosa; y también a los que están enfermos, y a los que viven su vocación, o que, teniéndola, no la han podido alcanzar aún. A lo mejor, después del Milagro, yo también puedo ir monja. ¡Qué alegría!" (Conchita pasó las Navidades en el pueblo, con su familia).

─ En su “Diario”, Conchita, casi a final del primer año de apariciones, cuenta algo sobre las comuniones “místicas” que recibían: “"Cuando se lo decíamos a la gente (esto de las comuniones por mano del ángel), no lo creían algunos, sobre todo los sacerdotes, porque decían que el ángel no podía consagrar. Y nosotras, cuando volvimos a ver al ángel, le dijimos lo que decía la gente, y él nos dijo que las cogía (las formas) en los sagrarios, que las cogía de la tierra, ya consagradas. Y luego, se lo decíamos a la gente, y algunos lo dudaban. Y dándonos la comunión estuvo mucho tiempo".



sábado, 4 de julio de 2015

El don de fortaleza

Con el don de fortaleza termina Santo Tomás de Aquino su exposición sobre los dones del Espíritu Santo en la Suma Teológica.


EL DON DE FORTALEZA
(S. Th. II-II. q. 139)

Trataremos a continuación del don correspondiente a la virtud de la fortaleza (cf. q.123, introd.), es decir, del don de fortaleza.

Sobre esta materia planteamos dos problemas: 
  1. ¿La fortaleza es un don?
  2. ¿Qué es lo que le corresponde por parte de las bienaventuranzas y los frutos?

ARTÍCULO 1

¿La fortaleza es un don?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el que en Is 11, 2  se menciona como uno más la fortaleza entre los dones del Espíritu Santo.

Respondo: Que la fortaleza, como hemos dicho antes (q.123 a.2; 1-2 q.61 a.3), implica una cierta firmeza de ánimo, requerida no sólo para hacer el bien, sino también para soportar el mal, principalmente si se trata de bienes o males arduos. Y que el hombre, según su modo propio y connatural, puede tener tal firmeza en lo uno y en lo otro, que no desfallezca en la práctica del bien a pesar de la dificultad que entrañe la realización de ciertas obras arduas o el aguante de ciertos males graves. Tal es la razón por la que a la fortaleza se la considera como virtud especial o general, como dijimos (q.123 a.2). Pero, a un nivel superior, el Espíritu Santo mueve interiormente al hombre para que lleve a término cualquier obra comenzada y se vea libre de cualquier peligro que le amenaza. Esto rebasa la capacidad de la naturaleza humana, ya que hay casos en que el hombre no puede llevar a cabo sus obras o escapar de los males o peligros, pues a veces le agobian hasta causarle la muerte. Ahora bien: esto lo realiza el Espíritu Santo en el hombre guiándolo en todo hacia la vida eterna, que es término de toda obra buena y la liberación de todos los peligros. Para ello infunde en el alma el Espíritu Santo una confianza especial que excluye todo temor contrario. Tal es la razón por la que la fortaleza es considerada como don del Espíritu Santo, pues ya dijimos antes (1-2 q.68 a.1) que los dones tienen por objeto la moción del alma por el Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

La cuarta bienaventuranza, que dice: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia", ¿corresponde al don de fortaleza?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está lo que dice San Agustín en el libro De Serm. Dom. in Monte: La fortaleza les viene muy bien a los hambrientos, ya que ellos sufren deseando gozar de los verdaderos bienes y queriendo apartar su amor de las cosas terrenas.

Respondo: Que, como hemos dicho (q.121 a.2), San Agustín relaciona las bienaventuranzas con los dones según el orden de enumeración, aunque teniendo en cuenta ciertas conveniencias. Por eso atribuye la cuarta bienaventuranza, la del hambre y sed de justicia, al cuarto don, o sea, al don de fortaleza. Porque, aunque parezca que no, hay entre ellos alguna conveniencia, ya que, como dijimos (a.1), la fortaleza tiene por objeto lo arduo. Y práctica muy ardua es no sólo el realizar obras virtuosas, sino el realizarlas con deseo insaciable, deseo que puede expresarse con los nombres de hambre y sed.


sábado, 27 de junio de 2015

El don de piedad

De los siete dones del Espíritu Santo, los que Santo Tomás trata de una manera más suscinta son los dones de piedad y fortaleza. El de piedad se relaciona con la virtud de la justicia.


EL DON DE PIEDAD
(S. Th. II-II. q. 121)

Vamos a tratar a continuación del don correspondiente a la justicia, que es el don de piedad (cf. q.57, introd.).

Sobre esta materia planteamos dos interrogantes: 
  1. ¿Es un don del Espíritu Santo?
  2. ¿Qué es lo que corresponde a este don por parte de las bienaventuranzas y los frutos?

ARTÍCULO 1

¿La piedad es un don?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el que en Is 11, 2  se cita entre los dones.

Respondo: Que, como quedó antes explicado (1-2 q.68; q.69 a.1), los dones del Espíritu Santo son ciertas disposiciones habituales del alma que la hacen ser dócil a la acción del Espíritu Santo. Ahora bien: entre otras mociones del Espíritu Santo, hay una que nos impulsa a tener un afecto filial para con Dios, según expresión de Rm 8, 15: Habéis recibido el Espíritu de adopción filial por el que clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Y, como lo propio de la piedad es prestar sumisión y culto al Padre, se sigue que la piedad, por la que rendimos sumisión y culto a Dios como Padre bajo la moción del Espíritu Santo, es un don del Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

La segunda bienaventuranza, que dice "Bienaventurados los mansos", ¿corresponde al don de piedad?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el que San Agustín dice en su libro De Serm. Dom. in monte: que la piedad es propia de los mansos.

Respondo: Que al adaptar las bienaventuranzas a los dones se puede atender a una doble conveniencia. La primera, según la razón de orden, que fue al parecer la que siguió San Agustín. Es por lo que atribuye la primera bienaventuranza al don último, o sea, al don de temor; y la segunda bienaventuranza: Bienaventurados los mansos, al don de piedad, y así sucesivamente.
La segunda conveniencia, si atendemos a la propia naturaleza del don y de la bienaventuranza. Y según esto, se deberían adaptar las bienaventuranzas a los dones según los objetos. Así, a la piedad corresponderían la cuarta y la quinta más que la segunda. No obstante, la segunda bienaventuranza tiene una cierta coincidencia con la piedad, en cuanto que por la mansedumbre se quitan los obstáculos para los actos de piedad.

sábado, 20 de junio de 2015

El don de consejo

Santo Tomás de Aquino trata sobre el don de consejo en quinto lugar, después de los dones de entendimiento, ciencia, temor y sabiduría.


EL DON DE CONSEJO
(S. Th. II-II. q. 52)

Viene a continuación el tema del don de consejo, correspondiente a la prudencia. Sobre ello se formulan cuatro preguntas: 
  1. El consejo, ¿debe incluirse entre los siete dones del Espíritu Santo?
  2. El don de consejo, ¿corresponde a la virtud de la prudencia?
  3. El don de consejo, ¿permanece en el cielo?
  4. Al don de consejo, ¿corresponde la bienaventuranza bienaventurados los misericordiosos?

ARTÍCULO 1

¿Debe incluirse entre los siete dones del Espíritu Santo el don de consejo?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de la Escritura: Reposará sobre él el espíritu de consejo y de fortaleza (Is 11, 2).

Respondo: Los dones del Espíritu Santo, como queda expuesto (1-2 q.68 a.1), son disposiciones que hacen al alma apta para ser movida por el Espíritu Santo. Ahora bien, Dios mueve a cada criatura según su modo propio de moverse. En expresión de San Agustín en VIII De Gen. ad Litt., mueve a la criatura corpórea a través del tiempo y del lugar: a la criatura espiritual, en cambio, a través del tiempo, no del lugar. Pero lo propio de la criatura racional es moverse a la acción a través de la indagación de la razón, y a esa indagación la llamamos consejo. En consecuencia, el Espíritu Santo mueve a la criatura racional por medio del consejo, y por eso está incluido entre los dones del Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

¿Responde el don de consejo a la virtud de la prudencia?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el hecho de que el don de consejo versa sobre los medios para el fin. Ahora bien, la prudencia versa también sobre los medios. Luego se corresponden mutuamente.

Respondo: El principio inferior del movimiento es ayudado y perfeccionado por el principio superior, como el cuerpo es movido por el alma. Ahora bien, resulta evidente que la rectitud de la razón humana se relaciona con la razón divina en la línea de relación de movimiento entre el inferior y el superior, ya que la razón divina es la regla suprema de toda rectitud humana. De ahí que la prudencia, que implica rectitud de la razón, es perfeccionada y ayudada al máximo en cuanto es regulada y movida por el Espíritu Santo, y esto es propio del don de consejo, como ya hemos dicho (a.1 ad 1). En consecuencia, el don de consejo corresponde a la prudencia ayudándola y perfeccionándola.

ARTÍCULO 3

¿Permanece en el cielo el don de consejo?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de San Gregorio en XVII Moral. : Cuando llegan al Consejo del tribunal del cielo las culpas o la justicia de cada pueblo, aparece si el que ha sido puesto al frente de él ha obtenido el triunfo en la lucha o no lo ha obtenido.

Respondo: Como queda dicho (a1; 1-2 q.68 a1), los dones del Espíritu Santo se ordenan a que la criatura racional sea movida por Dios. Ahora bien, en la moción del alma por Dios hay que distinguir dos cosas. Primera, que la disposición del móvil es distinta mientras está en movimiento que cuando ha llegado a su término. En efecto, cuando el motor es sólo principio de movimiento, al cesar éste cesa también la acción sobre el móvil, una vez que llegó al término: cuando la casa está terminada ya no se continúa edificando. Mas cuando el motor, además del movimiento, causa también la forma a la que llega el móvil, su acción no termina cuando éste alcanza su forma: el sol continúa iluminando la atmósfera aun después de ser ésta iluminada. Pues bien, Dios causa en nosotros tanto la virtud como el conocimiento, no sólo para adquirirlos, sino también para perseverar en ellos. Así, en los bienaventurados Dios sigue dando el conocimiento de las acciones, no en el sentido de que antes lo ignoraran, sino en el de que les conserva en el cielo el conocimiento de lo que debe hacerse. Hay, sin embargo, cosas que los bienaventurados, sean ángeles, sean hombres, no conocen. Se trata de cosas que no pertenecen a la esencia de la bienaventuranza, sino al gobierno de las cosas según los planes de la providencia divina. También en este caso es menester considerar que la inteligencia de los bienaventurados y la de los viadores es movida por Dios de manera distinta. En efecto, la de los viadores es movida en el plano de las cosas prácticas, calmándoles la ansiedad de la duda que había antes en ellos; en los bienaventurados, en cambio, se da simple ignorancia de lo que no conocen, de la cual son purificados incluso los ángeles, según Dionisio en el c.6 De eccl. hier.; pero no precede en ellos la indagación, que implica duda, sino simple conversión hacia Dios. Tal es el sentido de la expresión consultar a Dios, de que habla San Agustín en V De Gen. ad litt., al escribir que los ángeles consultan a Dios sobre las cosas inferiores. Según eso, existe el don de consejo en los bienaventurados en cuanto que, por la acción de Dios, continúa en ellos el conocimiento de lo que saben y en cuanto que son iluminados para conocer lo que ignoran sobre el orden práctico.

ARTÍCULO 4

¿Le corresponde al don de consejo la quinta bienaventuranza, la de la misericordia?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de San Agustín en el libro De Serm. Dom. in Monte : El consejo es propio de los misericordiosos, porque el único remedio para librarse de tantos males es perdonar y dar a los demás.

Respondo: El consejo se ocupa propiamente de las cosas útiles para el fin. Por eso al consejo deben corresponder de modo especial las cosas más útiles para el fin. Entre ellas está la misericordia, a tenor de las palabras del Apóstol: La piedad es útil para todo (1Tm 4, 8). Por eso la bienaventuranza de la misericordia debe corresponder de manera especial al don de consejo, no como eficiente del mismo, sino como dirigente.

sábado, 13 de junio de 2015

El don de sabiduría

Aunque Santo Tomás de Aquino trata sobre el don de sabiduría en cuarto lugar, este don del Espíritu Santo es el más excelso de todos. Se relaciona con la virtud de la caridad.


EL DON DE SABIDURÍA
(S. Th. II-II. q. 45)

Viene a continuación el tema del don de sabiduría, que corresponde a la caridad. Primero, la sabiduría misma; en segundo lugar, el vicio opuesto.

Sobre lo primero se formulan seis preguntas: 
  1. -La sabiduría, ¿debe contarse entre los dones del Espíritu Santo?
  2. -¿En dónde radica como sujeto?
  3. -La sabiduría, ¿es solamente especulativa o también práctica?
  4. -Si la sabiduría, que es don, es compatible con el pecado mortal.
  5. -¿Se da en todos los que tienen gracia santificante?
  6. -¿Qué bienaventuranza le corresponde?

ARTÍCULO 1

¿Debe contarse la sabiduría entre los dones del Espíritu Santo?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de Isaías, que dice: Reposará sobre Él el Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría y de entendimiento (Is 11, 2).

Respondo: Según el Filósofo, en el comienzo de los Metafísicas, incumbe al sabio considerar la causa suprema por la cual juzga ciertísimamente de todo, y todo debe ordenarse según ella. Ahora bien, la causa suprema se puede tomar en doble sentido: absolutamente y en un determinado género. Por tanto, quien conoce la causa suprema en un determinado género, y puede, gracias a ella, juzgar y ordenar cuanto pertenece a ese género, se dice de él que es sabio en ese género; es el caso, por ejemplo, de la medicina o de la arquitectura, conforme a lo que escribe el Apóstol: Como sabio arquitecto, puse los cimientos (1Co 3, 10). Mas quien conoce de manera absoluta la causa, que es Dios, se considera sabio en absoluto, por cuanto puede juzgar y ordenar todo por las reglas divinas. Pues bien, el hombre alcanza ese tipo de juicio por el Espíritu Santo, a tenor de lo que escribe el Apóstol: El espiritual lo juzga todo (1Co 2, 15), porque, como afirma allí mismo (v.10), El Espíritu lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios. Resulta, pues, evidente que la sabiduría es don del Espíritu Santo.

ARTÍCULO 2

¿Radica la sabiduría en el entendimiento?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de San Gregorio en II Moral., diciendo que la sabiduría es lo contrario de la necedad. Pero la necedad radica en el entendimiento. Por lo tanto, también la sabiduría.

Respondo: Como ya hemos expuesto (a.1; q.8 a.6), la sabiduría implica rectitud de juicio según razones divinas. Pero esta rectitud de juicio puede darse de dos maneras: la primera, por el uso perfecto de la razón; la segunda, por cierta connaturalidad con las cosas que hay que juzgar. Así, por ejemplo, en el plano de la castidad, juzga rectamente inquiriendo la verdad, la razón de quien aprende la ciencia moral; juzga, en cambio, por cierta connaturalidad con ella el que tiene el hábito de la castidad. Así, pues, tener juicio recto sobre las cosas divinas por inquisición de la razón incumbe a la sabiduría en cuanto virtud natural; tener, en cambio, juicio recto sobre ellas por cierta connaturalidad con las mismas proviene de la sabiduría en cuanto don del Espíritu Santo. Así, Dionisio, hablando de Hieroteo en el c.2 De div. nom., dice que es perfecto en las cosas divinas no sólo conociéndolas, sino también experimentándolas. Y esa compenetración o connaturalidad con las cosas divinas proviene de la caridad que nos une con Dios, conforme al testimonio del Apóstol: Quien se une a Dios, se hace un solo espíritu con El (1Co 6, 7). Así, pues, la sabiduría, como don, tiene su causa en la voluntad, es decir, la caridad; su esencia, empero, radica en el entendimiento, cuyo acto es juzgar rectamente, como ya hemos explicado (1 q.79 a.3).

ARTÍCULO 3

La sabiduría, ¿es solamente especulativa o también práctica?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio del Apóstol: Conversad con sabiduría con los de fuera (Col 4, 5). Eso es acción. Luego la sabiduría es no sólo especulativa, sino también práctica.

Respondo: Según afirma San Agustín en XII De Trin., la parte superior de la razón está destinada a la sabiduría, y la inferior, a la ciencia. Pero la razón superior, como escribe también en el mismo libro, dirige su atención a las razones supremas, es decir, las divinas, y busca examinarlas y consultarlas. Examinarlas, en cuanto contempla en ellas lo divino; consultarlas, en cambio, en cuanto que juzga lo humano por lo divino, dirigiendo las acciones humanas con reglas divinas. Así, pues, la sabiduría, en cuanto don, es no sólo especulativa, sino también práctica.

ARTÍCULO 4

¿Puede la sabiduría, sin la gracia, coexistir con el pecado?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de lo que leemos en la Escritura: No entrará la sabiduría en el alma malévola ni morará en cuerpo sujeto a pecados (Sab1, 4).

Respondo: Según hemos expuesto (a.2 et 3), la sabiduría, que es don del Espíritu Santo, permite juzgar rectamente las cosas divinas, y las demás cosas en conformidad con las razones divinas, en virtud de cierta connaturalidad o unión con lo divino. Esto, como hemos visto, es efecto de la caridad. Por eso la sabiduría de que hablamos presupone la caridad, y la caridad no coexiste con el pecado mortal, como hemos expuesto (q.24 a.12). En consecuencia, tampoco la sabiduría de que hablamos puede coexistir con el pecado mortal.

ARTÍCULO 5

¿Se da la sabiduría en todos los que tienen la gracia?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el hecho de que quien está sin pecado mortal es amado por Dios porque tiene la gracia con que ama a Dios; y Dios ama a quienes le aman, según el testimonio de la Escritura (Pr 8, 17). Ahora bien, vemos igualmente en la Escritura que Dios no ama a nadie que no cohabite con la sabiduría (Sab7, 28). En consecuencia, la sabiduría se da en cuantos están en estado de gracia y no tienen pecado mortal.

Respondo: Como hemos expuesto (a.1 et 3), la sabiduría de que hablamos implica rectitud de juicio en lo que concierne a las cosas divinas que hay que contemplar y consultar. Desde esa doble perspectiva hay grados diferentes de sabiduría, según los modos de unión con Dios. En efecto, hay quienes tienen tanta rectitud de juicio cuanta es necesaria para la salvación, lo mismo en la contemplación de lo divino que en la ordenación de lo humano según las reglas divinas. Esta sabiduría no le falta a nadie que esté, por la gracia, sin pecado mortal, porque, si la naturaleza no falta en lo necesario, mucho menos la gracia. Por eso se ha escrito: La unción os enseñará en todo (1Jn 2, 27).
Pero algunos reciben la sabiduría en grado más eminente, no sólo en la contemplación de lo divino, en la medida en que penetran los misterios más profundos y los pueden manifestar a los demás, sino también en cuanto a la dirección de lo humano según las reglas divinas, en la medida en que son capaces de ordenarse a sí mismos y ordenar a los demás. Este grado de sabiduría no es común a cuantos tienen la gracia santificante, pues pertenece más bien a la gracia gratis data que el Espíritu Santo distribuye como quiere, a tenor de lo escrito por el Apóstol: A otro se da por el Espíritu palabra de sabiduría (1Co 12, 8  ss).

ARTÍCULO 6

¿Corresponde al don de sabiduría la séptima bienaventuranza?

Contra esto [es decir, contra las objeciones que se oponen a la tesis del artículo]: está el testimonio de San Agustín en el libro De Serm. Dom. in Monte: La sabiduría es propia de los pacíficos, en quienes no se dan movimientos de rebelión, sino de obediencia a la razón.

Respondo: La séptima bienaventuranza se adapta de manera conveniente a la sabiduría lo mismo en cuanto al mérito que en cuanto al premio. En efecto, en cuanto al mérito está expresado en las palabras bienaventurados los pacíficos, y así son llamados los forjadores de la paz tanto en sí mismos como en los demás. Ahora bien, hacer la paz es volver las cosas al orden debido, ya que la paz, en expresión de San Agustín en XIX De civ. Dei, es la tranquilidad del orden, y dado que crear el orden compete a la sabiduría, como dice el Filósofo en el principio de los Metafísicas, síguese de ello que el ser pacífico se atribuye de manera adecuada a la sabiduría.
Al premio, en cambio, corresponde lo que dicen las palabras serán llamados hijos de Dios. Algunos, en efecto, son llamados hijos de Dios en cuanto participan de la semejanza del Hijo unigénito y natural, según el testimonio del Apóstol: A quienes de antemano conoció, a ésos predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo (Rm 8, 29), que es la Sabiduría engendrada. Por eso, recibiendo el don de sabiduría, alcanza el hombre la filiación con Dios.